La aeronavegabilidad, un factor crítico que garantiza que los aviones sean seguros para operar, varía notablemente entre la EASA (Agencia Europea de Seguridad Aérea) y la FAA (Administración Federal de Aviación). En general, las directrices de la EASA tienden a enfoques regulatorios prescriptivos, que exigen métodos precisos que deben seguir los fabricantes de aeronaves. En cambio, las regulaciones de la FAA adoptan una estrategia más basada en el rendimiento, permitiendo a los fabricantes demostrar el cumplimiento según resultados definidos.